Hace calor, como siempre
Aquel viaje de ida por caminos secos fue uno de los más cortos que recuerdo. Por primera vez me encontré diciéndome a mí mismo:
_Piensa en otra cosa, olvida eso al menos hasta el abrazo.
_Hace calor, como siempre.
Al bajar del coche, el calor me recordó que hay cosas que no cambian, como su cara, como sus ansias de aprender cosas que para (casi) nadie tienen sentido, como las uñas de sus pies, y su barba a medio crecer. Hace calor, como siempre.
Estuvimos escondidos de llamadas, de temáticas tristes y recuerdos durante un par de horas, planeando las cervezas de la noche, contándonos que había sido de nosotros en los últimos meses. Te miraba de cuando en cuando, cuando querías saber la hora, cuando te llamaban, y cuando resoplabas. Te entendía, y por eso estábamos juntos.
Se me hizo un nudo en la garganta cuando nos montamos en el coche, también en el estómago y en los dedos de las manos, y es por eso que hasta hoy no he sido capaz de escribirte. Tragué e intenté que durante el viaje rieras, aunque no se si lo conseguí, porque no miré atrás.
Luego me manchaste la camisa con tu abrazo de necesidad, de no puedo, de aquí estás y no te escaparás, de sujétame...
Te devolví el abrazo con un silencioso aquí estoy y no te fallo, por eso he venido, agárrate que yo te sujeto...
Rompí el nudo cuando te diste la vuelta, y:
_¿Sabes una cosa?
_Hoy sigue haciendo calor, como siempre.




