jueves, julio 24, 2008

Hace calor, como siempre

Aquel viaje de ida por caminos secos fue uno de los más cortos que recuerdo. Por primera vez me encontré diciéndome a mí mismo:
_Piensa en otra cosa, olvida eso al menos hasta el abrazo.
_Hace calor, como siempre.
Al bajar del coche, el calor me recordó que hay cosas que no cambian, como su cara, como sus ansias de aprender cosas que para (casi) nadie tienen sentido, como las uñas de sus pies, y su barba a medio crecer. Hace calor, como siempre.
Estuvimos escondidos de llamadas, de temáticas tristes y recuerdos durante un par de horas, planeando las cervezas de la noche, contándonos que había sido de nosotros en los últimos meses. Te miraba de cuando en cuando, cuando querías saber la hora, cuando te llamaban, y cuando resoplabas. Te entendía, y por eso estábamos juntos.
Se me hizo un nudo en la garganta cuando nos montamos en el coche, también en el estómago y en los dedos de las manos, y es por eso que hasta hoy no he sido capaz de escribirte. Tragué e intenté que durante el viaje rieras, aunque no se si lo conseguí, porque no miré atrás.
Luego me manchaste la camisa con tu abrazo de necesidad, de no puedo, de aquí estás y no te escaparás, de sujétame...
Te devolví el abrazo con un silencioso aquí estoy y no te fallo, por eso he venido, agárrate que yo te sujeto...
Rompí el nudo cuando te diste la vuelta, y:
_¿Sabes una cosa?
_Hoy sigue haciendo calor, como siempre.

miércoles, julio 16, 2008

Anoche, antes de dormir

En un segundo todo se volvió blanco,
el relámpago entró por mi ventana, atravesó la manta, la sábana todavía apenas arrugada,
quemando todo a su alrededor...
Me alegro de haber ido a por un vaso de agua (aunque no serviría para apagar aquel desastre).

viernes, julio 11, 2008

Escaleras que pudieron ser rojas

Subía lento, pero no tedioso las cuatrocientas o quinientas escaleras de mi nuevo barrio, cuando de repente te vi. Estabas allí, quieta, con una camiseta que no recordaba que tuvieras, pero tan tú... aún no tenía sueño.
Me acerqué sigiloso, esperando que te dieras la vuelta y te sonrieras, me abrazaras y te tuviera. Pero a dos metros de tu espalda no encontré los indicios de constelación que escondes para que te reconozca en la oscuridad, tu olor no era el mismo y tu pelo era ligeramente más oscuro. Entonces caí en la cuenta, este verano no era el que tú ibas a pasar calor.
No estabas y yo subí corriendo para poder llamarte y contártelo, pero preferí guardarlo como una pesadilla de las que no se recuerdan.

jueves, julio 10, 2008

Siempre tarde, pero llego

Siempre he estado convencido, de que las cosas que dejas pasar acabas olvidándolas. No hablo de hechos, sino de acciones, de actitudes, que poco a poco olvidas y finalmente no llegas a estar seguro de haberlas vivido.
Pues exactamente eso me ha pasado con las letras. Fueron salvación, fueron escudo, fueron mi sangre y mi cerebro, mi poesía, y mi psicoterapeuta, mi puerta a lo grande, y mi escondite a lo pequeño. Fue todo y ahora es (casi) nada.
Y por eso necesito volver, tengo que volver... vuelvo.
Vuelvo por una sola razón.
Con el paso de los meses había ido dejando partes de mí en la primera cuneta que encontraba, porque no podía evitar dejarme arrastrar por ti, ciudad-lobo, una y otra vez descubierta en mis textos, en mis yemas, en mis ojos; ahora que he vuelto la cara a la carretera con cunetas, he visto deperdigado por toda ella mi vida.
Parado, en seco, muy en seco, con nudo en la garganta y arrepentido, me doy la vuelta, para pedirme perdón, para darme la oportunidad de volver, de ser y dejar claro lo que quiero, y sobre todo, para dejar claro lo que soy.
Siempre tarde, pero llego.

martes, marzo 11, 2008

Recuerdos tras bajar del autobús

Cuando el frío volvió a mi cara, ya era tarde para evitar que los recuerdos se agolparan en mi cabeza. Una madrugada de instrumentos mudos, un paseo lento con ligero humo cubriendo la leve distancia que separa las baldosas de una calle con nombre compuesto. Mucho ha cambiado todo desde entonces... ¿pero todo? Menos mal que algunas cosas no han cambiado. Tú sigues aquí, pero él se marcho, y aunque con motivos para el reproche, no dejo de recordarle. Curiosamente sigue conmigo la oscuridad de mis casas, mis ventanas son opacas y aún así ya no me hacen llorar. El primero de mis recuerdos es aquella plaza, sus estrellas y su falta de nieve. Había una chica en ese recuerdo, me miraba con unos prismáticos desde el andén en dirección contraria, ahora me mira, salta y me besa. También hay un roce de mi mano en su cadera, en su cara casi roja, casi blanca, dulce y poco serena. En aquel recuerdo el aire era limpio, húmedo y sin ruido, pero se mezclaban las ciudades, porque los recuerdos son caprichosos, al igual que los sueños. En ninguno de los dos me veo, pero siento que estoy allí. Parte de ellos, se grabaron en mi cabeza, y por mucho tiempo que pase no podré olvidarlo. Todo esto ocurrió en cuestión de segundos, nada más bajar del autobús, y cuando miré hacia atrás... no había nadie, todos se habían ido a dormir, como en mis recuerdos.

domingo, marzo 09, 2008

Presente efímero

España cambia a golpe de muertos. Parece ser que ahora se va ha convertir en tradición el matar para desequilibrar los comicios. Lo ocurrido el pasado viernes no es más que la demostración de la inoperancia de quién gobierna, quien gobernará y pone de manifiesto mis más oscuros pensamientos, en el que los asesinos pasean por las calles gracias al interés. Somos nosotros quienes nos partiremos la cara, quienes gritaremos para todo caiga en saco roto. Escupo palabras llenas de reproche y sabiendo que no cambiarán nada. Nos encontramos ante la mentira en su más clara escenificación. Ahora, más que nunca, el Basta ya, ha perdido totalmente su significado.

La raza política ha perdido la poca creencia que en mí albergaban, sois todos unos mentiros, habéis jugado conmigo, os reís en nuestras caras, y lo más lamentable es que os hemos creído. No hemos entendido que existen matices de grises entre el negro y el blanco, pensamos que solo hay dos opciones, y como ha podido verse, ninguna de las dos merece la pena.

Creo que unas gentes, que han repetido durante 4 años los mismos argumentos, que han utilizado cada traspiés del otro para hacer campaña, que no han tenido miedo de criticarse en lugar de ayudar, cuando estaba en juego siempre nuestro beneficio como conjunto, no merecen nada. Habría que recordar a muchos, que han sido elegidos para poner en práctica lo que el pueblo quiere y necesita, no para luchar e intentar que nos pongamos de vuestro lado, porque el contrario es el propio infierno.

Este país se llena de virulencia provocada por la política, creada y fomentada por vosotros. Los ciudadanos han acabo sintiendo la esto como un partido de fútbol. Ahora los grupos políticos son como el equipo de once que cada fin de semana salta al campo. Se le sigue gane o pierda, truene o salga el sol.

Me siento triste, y no he podido evitar que mis lágrimas de rabia salten en muchos momentos desde el pasado viernes, cuando tuve que encontrarme nuevamente con la mentira, con los argumentos gastados, y presenciar como lo que nos rodea está manchado por vuestras manos. Me duele que no os importe que la gente sufra, me duele que nos tratéis como marionetas, pero lo que más me duele es que nadie quiera darse cuenta. Esta también será perdonada, como todas las anteriores, y olvidada, porque a eso si que sabemos jugar ¿verdad?

Siento mucho que la rabia no me deje completar, pero me conformo con decir:

Mentirosos, que os quede claro, no contéis conmigo.

martes, febrero 26, 2008

Aikido, el arte de la no-violencia


El crecimiento poblacional, la masificación de las ciudades, y con ella, el aumento de la inseguridad ciudadana ha supuesto un aumento en el número de alumnos en las clases de defensa personal.
Una de las disciplinas que mayor aumento ha padecido es el Aikido. Se trata de una disciplina marcial moderna, desarrollada durante las décadas de los años 30 y 60 por su fundador, Morihei Ueshiba. Y es en el Aikido, donde los nuevos alumnos encuentran algo diferente, más allá de la simple defensa.
Cuando uno entra por la puerta de un dojo (sala de entrenamiento) de Aikido, se adentra en un mundo diferente. El silencio que impera en la clase, las tradiciones, el trabajo que allí se realiza, crea en el espectador una sensación curiosa.

La primera sorpresa es no encontrar excesivas diferencias entre un alumno novel y otro avanzado. Solo una Hakama (falda pantalón) diferencia a unos de otros.
Aunque en el Aikido existen pruebas de grado, estas no tienen una importancia vital, porque no se trata de un arte marcial que busque el orgullo del alumno, ni tampoco la diferenciación entre unos y otros. El desarrollo personal, el aprendizaje basado en el compañerismo y sobre todo, basado en el conocimiento del propio cuerpo. El trabajo diario se enfoca al detalle, no en tumbar al adversario, ya que no se trata de una forma de lucha, sino un estudio detallado de la no-violencia, del entrenamiento del cuerpo y la mente.
El Aikido pues, se trata de una disciplina basada en el respeto, a uno mismo, y por relación, y gracias al entrenamiento, del resto de personas. Otra de las sopresas que uno encuentra en una clase de Aikido, es la inexistencia de ataques. El Aikido basa sus técnicas en la fuerza del contrincante, la respiración y la coordinación de todo el cuerpo, usando el movimiento del adversario y su energía, para de esta manera llevar esa violencia a su ineficacia.
Con esto, se pretende llegar al acto de no-violencia.

Los beneficios que aporta la práctica continuada es más que visible. Mayor flexibilidad, mejor postura corporal, fortalecimiento físico, mayor atención, serenidad y confianza. Las técnicas, que en apariencia son sencillas, contienen una dificultad altísima, al tratarse de un ejercicio en el que intervienen todas las extremidades, y hay que llegar a la unificación de movimientos, siendo necesario que todo fluya con la mayor precisión y armonía posible. Influencia por las religiones orientales, taoísmo, shintoísmo y budismo, el Aikido ha crecido hacia la unificación de los impulsos violentos en impulsos creadores.
Así, el estudiante que comienza en la práctica, ve como con el paso de los meses y los años, encuentra en el Budo la mejor forma de creatividad.
El control de las emociones, la estabilidad mental y la trascendencia más allá de la lucha física son valores por los que el Aikido se ha colocado como una de las nuevas artes del siglo XXI.